No es ningún secreto que Quevedo tenía mala…

No es ningún secreto que Quevedo tenía mala leche. Tampoco que no se cortaba a la hora de criticar, denunciar y atacar lo que creía que estaba mal, que era casi todo. Pero nunca perdía el sentido del humor, que le hizo escribir una obra como Gracias y desgracias del ojo del culo y defensa del pedo. Por eso, es normal que uno de sus géneros favoritos fuese la sátira, que le permitía cumplir sus dos objetivos literarios: enseñar y divertir. Prosa satírica (Homo Legens), editado por Ignacio Arellano, catedrático de la Universidad de Navarra y experto en el Siglo de Oro, recoge algunos de los mejores ejemplos del ingenio que destilaba la pluma de Francisco de Quevedo.

“Son pequeñas obras, casi todas ellas cómicas y burlescas, poco conocidas actualmente”, comenta Arellano. “Son piezas en las que Quevedo se burla de las supersticiones, de las manías, de la poesía culta, de los que hablan al estilo gongorino, de todas las tonterías que había en su tiempo y que, en realidad, también hay ahora. El escritor no consiguió eliminarlas, ni otros muchos satíricos que se burlaron de ellas”, añade este experto.

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